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Una princesa cubana que habita bajo tierra

gran caverna de santo tomas

Cuando en la edición dominical del 24 de octubre de 1954 del periódico Hoy apareció una noticia informando el descubrimientode una cueva que, en la región occidental de la Isla de Cuba, se ofrecía como una de las cavernas más bellas entre todas las conocidas, el redactor del reporte y los lectores estaban muy lejos de suponer que esa cueva descubierta, la mayor de Cuba, sería uno de los sitios del país más significativos por sus condiciones naturales e históricas, la princesa de las espeluncas de Cuba.

La nota del diario enfatizaba que era esta caverna la única que en la Isla poseía las llamadas paletas múltiples, totalmente cristalizadas y erizadas de helictitas como finos hilos de cristal que en su naturaleza y variedad adoptaban diversas y caprichosas formas.

El descubrimiento involucraba a varios miembros de la Sociedad Espeleológica de Cuba, una institución que se había fundado el 15 de enero de 1940 por iniciativa de Antonio Núñez Jiménez, y cuyo cometido establecía con mucha seriedad investigar los accidentes espeleológicos en el país para mejor conocimiento del archipiélago cubano, y dar a conocer los resultados que de esos estudios se derivasen.

Conducidos por el Dr. Núñez Jiménez, profesor de geografía de la Universidad Central de Las Villas y presidente de la Sociedad, los exploradores Manuel Rivero de la Calle y Heriberto Valcárcel, las espeleólogas Xiomara Castellar y Lupe Velis además del profesor José R. Masiques, habían permanecido reconociendo la rica zona de Viñales y juntando información durante 14 días.

Como resultado se cartografió la Gran Caverna de Santo Tomás que, según cálculos hechos, midió alrededor de 15 kilómetros de vías subterráneas. Se dejó constancia de la existencia de la Cueva Escarlata, bautizada así por el color rojizo que los componentes minerales le trasmitían a sus formaciones, y se reportó el hallazgo de varios restos fósiles de fauna que existió durante el Pleistoceno. La enmarañada red de galerías originadas por antiguo ríos, decidió que fuera el arroyo Santo Tomás, que cruza la región, el que calificara para dar nombre al sistema de cuevas más grande de la Isla.

Los datos científicos que derivaron de aquella estadía del grupo de la Sociedad Espeleológica por territorio pinareño, y en especial en el perímetro subterráneo de la Sierra de Quemados, fueron procesados y comunicados a la prensa, que se dio a la tarea de reseñarlos. Las investigaciones que fueron expuestas en la Universidad villaclareña despertaron mucho interés y la Sociedad proyectó y ejecutó otras excursiones que brindaron nuevos conocimientos, algunas concebidas con la participación y la colaboración de instituciones científicas europeas.

La Gran Caverna de Santo Tomás, con una extensión de más de 45 kilómetros, es una de las mayores de Centroamérica y de las Antillas; a ella se conectan, como si estuvieran hilvanadas, una serie de oquedades que se identifican como el Sistema Subterráneo de Quemados. Esta majestuosa cueva que contiene manifestaciones petroglíficas producidas por la técnica del rayado de los antiguos pobladores de la Isla, sigue siendo una de las más interesantes localizadas en el archipiélago cubano.

Apropiada como recinto, brindó abrigo a los aborígenes en la etapa precolombina, y fue asimismo un importante refugio de los negros cimarrones que escapaban de la esclavitud. Los lugareños de otras épocas hicieron uso de sus bondades naturales para abastecerse del agua que se almacenaba en sus pocetas y del guano de murciélago para fertilizar las mejores tierras tabacaleras del mundo.

Ligada a varios sucesos en los albores de la Revolución cubana, tuvo que ver con la constitución de una de las primeras cooperativas campesinas y con la fundación de la primera brigada de milicianos que operó en Pinar del Río. Fue sede en 1984 de la Escuela Nacional de Espeleología, y en 1995 en ella se estableció la Escuela Internacional Espeleológica.

Por gestión de quien fuera uno de sus descubridores, el Dr. Antonio Núñez Jiménez, presidente entonces de la Comisión Nacional de Monumentos, esta princesa de la naturaleza cubana fue declarada el 5 de junio de 1989, la fecha en que el mundo celebra el Día del Medio Mmbiente, como Monumento Nacional de la República de Cuba.

 

 

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