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Aguas curativas en la Isla de la Juventud

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Aunque la Isla de la Juventud —al sur de La Habana— no debe su nombre a las propiedades regenerativas y vitalizantes de sus aguas termales, bien pudiera ser esta otra razón para llamarla con mayor propiedad por ese nombre. Pero eso sí, famosa desde tiempos coloniales por sus milagrosas aguas, nunca hubo allí ni hay leyenda de Fuente de la Juventud alguna, que más bien ubicaban por tierras de La Florida.

Volviendo a Cuba, en el poblado de Santa Fe o La Fe, a unos 17 kilómetros de Nueva Gerona, capital de la bellísima ínsula de marras, existen varios manantiales de propiedades minero-medicinales. Su acciones terapéuticas han sido probadas con muy buenos resultados en varias enfermedades, sobre todo en afecciones osteomusculares como la artrosis, artritis, secuelas de accidentes, invalidez parcial, parálisis, dolores crónicos, estrés, afecciones en la piel y respiratorias…

Cuenta la historia que el poblado de la Santa Fe fue fundado oficialmente el 15 de septiembre de 1809, precisamente por la fama curativas de sus manantiales ya conocida en los siglos XVII y XVIII, aunque aquello era un territorio virgen y despoblado en esas centurias.

Era refugio y guarida de piratas y corsarios y comunidades aborígenes, que también dejaron su huella etnocultural en varias pictografías en cavernas.

La Isla de la Juventud es hoy municipio especial del país que desde los años 70 del pasado siglo se llenó de jóvenes estudiantes de Cuba y otras regiones del mundo, y oleadas de animosas familias de varias partes del país que hasta allí llegaron para fomentar el desarrollo social, económico y cultural de esa zona algo olvidada en la historia, aunque pletórica de leyendas.

La antigua Isla de Pinos, el apelativo de ese territorio sureño hasta 1978, contaba entre otras bondades de Madre natura con los manantiales de Santa Lucía, Manantial de Magnesia, Manantial Ferroso, Manantial del Agua Santa, el de El Respiro y el de Santa Rita, ubicados en distintos puntos de la zona, y con diversas fuentes.

Una leyenda aborigen explica el origen de esos manantiales curativos con la historia de un legendario cacique, quien se vio obligado a dar muerte a su propia hija. Del cuerpo sin vida de la joven brotó agua a raudales, que se convirtieron en manantiales destinados a devolver la salud a muchas personas. Cuentan que en todo el Caribe los aborígenes conocían de esas propiedades. Se les llamaban, explican, Fuentes de la Paz.

Hacia 1880 los españoles llamaron a la zona Santa Fe. Y en 1955 se fundó un balneario y un Instituto de Fisioterapia, que combinaba el uso científico de las aguas, ya investigadas de cierta manera sus propiedades y la atención especializada. Se dice que en los años 60 de ese siglo eran muy famosas y modernas aquellas instalaciones termales de la Isla.

Hoy, al cabo de tantos años solo ha podido revitalizarse el famoso manantial de Santa Rita, con agua bicarbonatadas no radiactivas. Allí se ofrecen efectivos tratamientos de alto nivel científico, se disponen de piletas y gimnasios. Hay ejemplos notorios de viajeros que avanzaron en la recuperación de su salud o la alcanzaron por completo.

Sería bueno que inversores foráneos pudieran respaldar el esfuerzo de los lugareños por rescatar la explotación de esta dádiva que la naturaleza dio a la bien llamada Isla de la Juventud cubana.

 

 

 

 

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