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Suntuosidad e historia en el Coche Mambí

Coche Mambí

El Mambí es uno de los tres coches de ferrocarril construidos en 1900 en Estados Unidos, por encargo de la Pennsylvania Railroad Company para uso de su presidente y representantes tanto en su propio país, como en México y Cuba. La numeración provisional de los tres coches fue 97, 98 y 99.

Railroad Company fue la firma encargada de la construcción del tramo que unió a Santiago de Cuba con el centro del país, y posibilitó en 1902 el enlace entre la importante ciudad oriental y la región central, hasta donde llegaba en ese momento el camino de hierro iniciado en La Habana.

Este enlace significativo del occidente y el oriente del país mediante el moderno ferrocarril guardaba estrecha relación con la posición de Cuba como pionera en Hispanoamérica en el uso de ese medio de transporte.

En 1837, y solo precedido en el mundo por Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia, Rusia y Bélgica, se abría el primer tramo desde la capital cubana hasta Bejucal, con una extensión de más de 27 kilómetros, para orgullo de los hijos de esta tierra aun en nuestros días.

El presidente de la entidad estadounidense lo uso en sus viajes de recorrido e inspección y más tarde fue de uso de sucesivos presidentes como Tomás Estrada Palma, José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Alfredo Zayas y hasta el dictador Fulgencio Batista. Por ello también se le llama Coche Presidencial.

 

Relumbres del Coche Mambí

El apelativo de Mambí, surgido como voz peyorativa cuando los españoles se referían a los miembros del primer Ejército Libertador, por su amable resonancia pasó a ser un vocablo querido y entrañable para los cubanos patriotas.

Era un honor ser llamado Mambí, que era lo mismo que decir héroe o combatiente por la independencia de Cuba. Por ello se escogió para nombrar al artefacto, construido poco después del fin de la campaña por la libertad de la Isla, malograda por la intervención de Estados Unidos.

El Coche Mambí, hoy en exhibición, conserva el refinado estilo y la excelente distribución de sus espacios del primer día. Muebles de maderas preciosas y vitrinas con cristalería de bacará aumentan el relumbre del otrora exclusivo medio de transporte.

Un detalle: los cubiertos de plata y otros enseres de la vajilla y batería gastronómica llevan una sola insignia, la palabra Mambí.

En la labor conservadora del Coche se destacó Enrique Galarraga Heredia, quien empezó en la década de 1940 como humilde trabajador hasta ocupar el puesto de mayordomo. Mantuvo sus afanes después del triunfo de la Revolución cubana en 1959.

Hasta 1987 se mantuvo el Coche Mambí al servicio de Ferrocarriles de Cuba, y a principios de los 90 se entregó por el ministerio pertinente a la Oficina del Historiador de la Ciudad, la cual inició una concienzuda restauración, con el ánimo de convertirlo en objeto de exhibición.

En su interior, esta casa rodante cuenta con un salón recibidor, comedor, dos habitaciones con baño intercalado, cocina, habitación de servicio, ajuares de lencería y de mesa, todos personalizados. Su iluminación original fue de carburo y disponía de ventiladores con hielo seco.

 

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