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Flora Fong: su isla y sus ancestros

Flora Fong

La naturaleza de su isla caribeña, la herencia de la cultura china y la pasión por su trabajo son ingredientes relevantes de la obra de Flora Fong, una de las figuras grandes de las artes plásticas cubanas.

Sencilla en la vida cotidiana, con inmenso talento y creatividad ha ido forjando un universo artístico propio, inconfundible, en el que se inscriben expresiones muy diversas, como pintura, dibujo, grabado, escultura, cerámica, vitrales, diseño de tejidos, ilustraciones de libros…

La caracterizan también la labor disciplinada y la capacidad de observación, que puede centrarse en el vuelo de las aves, las olas del mar o en un arcoíris, al que quizás mire durante horas, hasta que se disipa.

Flora FongA Flora Fong García, nacida en Camagüey en 1949, hija de madre cubana y padre chino, le gustaba pintar desde niña; en su ciudad natal comenzó su carrera en la Escuela Provincial de Artes Plásticas y continuó en La Habana, en la Escuela Nacional de Artes, donde se graduó en 1970.

En conversación con Más Cuba, habló de sus motivaciones, su trabajo y sus más recientes empeños:

Me inspiré primero en mi mundo interior, mucho tiempo relacionado también con la familia, los hijos… y luego hubo un momento en que fue como si hubiera levantado la cabeza y abierto una ventana y hubiera mirado el horizonte, descubriendo el paisaje, ese nuestro paisaje”.

Y fue así, contó, como comenzó a pintar los ciclones, esa fuerza de la naturaleza que todos los años estresa a la Isla y es recurrente en su obra, junto a otras representaciones de lo cubano como las palmas, el mar, los platanales, las hojas de tabaco, los girasoles, las frutas, los coladores de café…

También hay numerosos manglares, precisó, es una mirada a la plataforma insular, un micromundo con diversidad de organismos, porque mi obra se pega mucho a la defensa ecológica, al cuidado del entorno. Mi fuente de inspiración en el sentido más abarcador ha sido la naturaleza”.

Otra vertiente relevante en su trabajo es la incorporación a su quehacer artístico del legado de su padre chino, uno de los tantísimos inmigrantes de ese país asiático que llegaron a Cuba en los siglos XIX y XX, y cuyos aportes conformaron el tercer componente de la nacionalidad cubana, tras el español y el africano.

Flora FongA finales de la década de 1980 comenzó a estudiar idioma chino con la intención de adentrarse en ese mundo oriental, de entender el sentido de su caligrafía, el gesto caligráfico, la pintura de paisajes con una mirada diferente, y se acercó a filósofos como Confucio, Mencio y Lao-Tsé.

Todo eso, dijo, fue nutriendo mi obra y añadiendo un ingrediente nuevo a mi manera de hacer un cuadro. Por ejemplo, el caracter chino que significa bosque le dio forma a mis palmas.

A mis hermanos y a mí de niños, mi padre nos hacía unas cometas chinas preciosas, que me sirvieron después, ya de profesional, como proyectos que estuvieron guardados emocionalmente muchos años, hasta que por fin los llevé a esculturas.

Ese fue el basamento de una exposición que presenté en el Museo Nacional de Bellas Artes en el 2008 con piezas de gran formato en acero negro y las de pequeño formato en bronce, con una visión distinta del concepto escultórico y que fue para mí una experimentación fascinante”, comentó la artista, para quien la realización de las esculturas representó un trabajo agotador de dos años.

Inspirada en esa cultura asiática es su más reciente serie pictórica, El Caribe Ming: Imagen, caligrafía, verso, relacionada con períodos dinásticos de la China antigua, pero también con presencia de elementos muy cubanos.

La muestra se identifica con momentos importantes de la pintura clásica de la nación asiática y la relevancia que tenían los calígrafos, auténticos poetas y pintores de su tiempo.

Eso me hizo detenerme en todos los conceptos espaciales que ellos utilizaban, yo lo traspolé, lo traje al Caribe”, explicó.

Y la muestra le permitió a esta artista de singular creatividad hacer un cuadro sobre el huracán Irma, devastador meteoro que azotó a Cuba el pasado año, y que aún no había pintado:

Increíblemente, a través de esa exposición que aparentemente no tiene que ver con nada de eso, surgió el cuadro de las gallinas estresadas, a partir del caracter antiguo que significa castigo”.

Críticos de arte señalan a la luz y el color entre los elementos esenciales de sus obras, de una rica variedad cromática.

flora fongFlora Fong expresó que no tiene colores favoritos para pintar, pero, apuntó, “los amarillos y los azules me encantan, son los dos colores que me rodean”.

El amarillo es la luz, dijo. Donde yo pinto mejor es aquí en mi país porque necesito la luz de Cuba para trabajar, y el mar… no hay cosa más linda que mirar nuestro mar, nosotros tenemos ese privilegio”.

Cuando la entrevistamos se encontraba enfrascada en la recreación, a través de la plástica, de la emblemática canción Unicornio, de Silvio Rodríguez, para un documental entonces en preparación sobre los temas del cantautor.

Estoy fascinada con el unicornio azul, que estoy haciendo de manera escultórica. Tener la posibilidad de incorporar los elementos de mi obra a una canción como esa es muy interesante,… se me pasan las horas pintando sin darme cuenta”, relató la creadora, que no ha pensado nunca en retirarse y encuentra siempre, nuevas motivaciones y nuevos retos.

Y quiero seguir reafirmando toda mi propuesta estética de suma al legado artístico que nos dejó Wilfredo Lam, Amelia Peláez y todos los que nos precedieron. Y seguir incorporando, como he hecho hasta ahora en mis creaciones, nuevos elementos y el nutriente asiático desde mi mirada hacia el arte cubano”.

Satisfecha con su vida y con su obra, porque se ha dedicado a lo que ama, Flora Fong aseguró sin dudar: “La vida entera para mí no tendría sentido si no hiciera lo que estoy haciendo”.

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