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Hablando de la mariposa blanca, la flor nacional

mariposa

Cerca de ríos, manantiales y arroyos de la campiña cubana, pero también en algunos patios y jardines húmedos, crece la mariposa (Hedychium coronarium), la flor nacional de Cuba desde 1936 a pesar de su exotismo, pues es originaria de la India, de acuerdo con datos de expertos.

La variedad elegida para la isla antillana es la de pétalos de color blanco impoluto, pues existen las que tienen colores amarillos y salmón. La blanca posiblemente sea la más bella e impactante, pues la palabra Hedychium de su nombre científico significa fragante nieve. Y es que el embriagador y persistente aroma de esa flor realza su belleza material.

Quienes han recorrido las cadenas montañosas cubanas dicen que la flor mariposa premia con su presencia de manera casi silvestre, pero a un ritmo invasor, como dicen sucede ya en Brasil, los más insospechados lugares. Aunque no se le relacione, pertenece a la familia del jengibre, o sea, la Zingiberaceae. Es llamada en Argentina caña de ámbar.

Desde su llegada a Cuba la planta de la mariposa fascinó a todos, en especial a la mujer de estas tierras. En el siglo XIX ya era común su presencia en jardines y hasta macetas de los hogares y estaba extendida en la vida silvestre.

Es muy bella la historia de las razones por la cual fue elegida como flor nacional. Una invitación llegada a Cuba en 1936 desde el Jardín de la Paz, de la ciudad de La Plata, Argentina, solicitaba que el país enviara su Flor Simbólica Nacional.

Pero todavía no se había determinado cuál sería la especie agraciada. Se recordó entonces que las damas decimonónicas de la Isla gustaban adornar sus cabellos y perfumarse portando las flores de mariposas, cuyo color blanco también significaba la pureza de su virtud y de los ideales patrióticos que supieron defender aquellas que eran mambisas o patriotas a favor de la independencia.

Cuentan que en los tupidos ramilletes de estas flores las patriotas escondían importantes mensajes clandestinos durante las guerras de independencia.

Al final de la selección, hecha por una rigurosa Comisión creada con tal fin, la mariposa blanca triunfó en una discusión a la que habían llegado también los simpares galán de noche, lirio de San Juan y el Jacinto de agua. A pesar de no ser autóctona, por su enorme simbolismo y popularidad, la balanza se inclinó a su favor. Ningún cubano ha cuestionado nunca el mérito de la hermosa flor.

Con el paso del tiempo se han conocido de muchos usos medicinales y para tratamientos de belleza dados a sus rizomas y semillas.

Los aceites esenciales de los rizomas frescos o secos tienen poder antimicrobiano, por ejemplo, contra Trichoderma sp. y Candida albicans y menor actividad sobre Bacillus subtilis y Pseudomonas aeruginosa. En Brasil emplean partes de la planta en el alivio de dolores, traumas, infecciones y el reumatismo y asma. Se dice que en el futuro podría emplearse en medicamentos para tratar la diabetes.

De sus aceites esenciales la perfumería cubana ha logrado un perfume de exquisita fragancia, muy conocido dentro y aun fuera de la Isla. Sin embargo, la flor se ve poco en las ciudades en los últimos tiempos. Sería bueno que una suerte de festival o feria, similar a la que se dedica cada año a las orquídeas, recordara la historia y propiedades científicas de la flor nacional de Cuba, símbolo también de la paz, uno de nuestros valores más preclaros.

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