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Los múltiples simbolismos de El Cobre

el cobre

Nadie puede negar hoy día que el principal mito o esencia espiritual del poblado intramontano de El Cobre, en las cercanías de la oriental ciudad de Santiago de Cuba, es el de acoger el santuario de la deidad católica más venerada del país.

Hablamos de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de los cubanos cristianos y aun de otras religiones en el territorio. Incluso los tres sumos Pontífices que han visitado el país: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, la han reconocido como una de las formas en que la Virgen María se ha revelado en esta tierra, donde también coexisten otros cultos en armonía y libertad de expresión. Como tal le han rendido honor y oración.

La deidad mayor, llamada también Virgen mambisa, porque acompañó a los cubanos insurrectos en los campos, en las luchas por la independencia en el siglo XIX, mestiza, porque esa es la definición que mejor refleja al pueblo y la cultura cubana, “virgencita”, porque el uso del diminutivo es la prueba de mayor aprecio entre los criollos y hasta Cachita, en muestra de confianza y cariño, pues es el apodo que antaño se daba a las personas nombradas Caridad. Ya este apelativo no abunda tanto.

Fue trasmutada en Oshún, deidad del panteón africano, en el proceso de transculturación producido desde tiempos coloniales, que establecía equivalencias entre una cosmogonía y otra. Dicen que la imagen de la Virgen de la Caridad fue encontrada en alta mar, en la Bahía de Nipe, en el norte de Oriente, por tres humildes pescadores, entre los cuales había un blanco, un aborigen y un negro esclavo. Se dice que el hecho se produjo entre 1512 y 1514, más probablemente en la primera fecha.

Los tres pobres hombres la llevaron luego hasta lo que era llamado entonces Cerro del Cardenillo, a unos 22 kilómetros o cuatro leguas de la villa de Santiago. Se había encontrado cobre por aquellos lares, un mineral muy necesitado y codiciado por la Corona española. Se usaba en la fabricación de armas como cañoneras, protectoras de barcos y fortalezas, y hasta en cazuelas o calderos destinados a la elaboración de comestibles e industrias.

La obtención de cobre comenzó a rendir mayores dividendos a partir de la intervención de un experto y negociante alemán de apellido Tetzel. Pero sus desencuentros con autoridades españolas lo hicieron abandonar su gestión.

Gente de toda laya, atraídos por el filón de prosperidad que la obtención de cobre prometía comenzó a arribar al poblado modesto de Santiago del Prado, pues ese fue el primer nombre de la que más tarde fuera la afamada villa de El Cobre. Estaba en un terreno llano regado por un arroyo, cerca de las minas.

Europeos y negros esclavos, traídos por la trata fundamentalmente de Angola, junto a escasos descendientes de aborígenes, empezaron a formar parte de aquella primera empresa minera colonial de estas tierras. Desde el comienzo abusos, explotación inmisericorde, violencia y expropiaciones forzosas estuvieron a la orden del día. Tal parecía, entonces, que aquella comarca naciente, plagada de hervores incentivados por la ambición, la sed de conquista y la injusticia, estaba necesitando de la iluminación divina y la bondad que vino a representar para todos la llegada de la imagen de la Virgen de la Caridad.

Hay una estrecha sinergia entre la historia de la presencia de la santa entre los cubanos y la real historia del poblado de El Cobre, como hemos estado viendo. Hay más.

En 1599 el capitán de artillería Francisco Sánchez de Moya se estableció oficialmente el pueblo, por edicto ordenado por la metrópoli. Algunos historiadores consideran que Sánchez de Moya introdujo algunas medidas administrativas en la obtención del mineral con beneficio para los trabajadores, a quienes asignó además parcelas para que cultivaran viandas y frutos para su sustento.

Cuando terminó la gobernanza del capitán, todo volvió a cambiar para mal. Se dice que todo el siglo XVIII fue una etapa bravía, de continuas revueltas y protestas de esclavos. Los negros traídos con grilletes de África eran esclavos tratados de forma infrahumana. No solo se produjeron sonadas insubordinaciones como una ocurrida en 1731, sino que la práctica del cimarronaje empezó a hacerse cada vez más recurrente.

Cada vez era mayor el número de esclavos que escapaban de la despiadada explotación, cuyos dividendos en la etapa de mayor florecimiento eran para la Corona y los ricos empresarios blancos de las ciudades, entre los que había desde entonces renombrados inversores extranjeros, alemanes e ingleses.

Los esclavos que no eran cazados como fieras por los rancheadores enviados tras de ellos se establecieron en numerosos palenques en lo más profundo de los bosques, entre abismos de montañas e intrincadas y oscuras cuevas. Allí sobrevivieron como podían, al menos estaban vivos y con la dicha de ser libres.

Así es que otros de los valores de mayor simbolismo de ese poblado fue el de ser cuna de la más brava e inclaudicable rebeldía que se registrara en los tiempos primigenios de la conquista. En homenaje a este valor, de contenido patriótico e histórico, se erigió un monumento que rinde tributo al Cimarrón, una de las figuras claves de esa lucha y una de las víctimas más legendarias de la esclavitud.

Conocer este a veces soñoliento y azulado poblado de El Cobre, perdido entre montañas, en la provincia de Santiago de Cuba, tendrá para el viajero múltiples lecturas:

El encanto de la naturaleza tropical siempre verde, la cercanía de lo más puro y sagrado del alma cubana, en el hogar de la Patrona de Cuba, sitio venerado y de peregrinación. Además, le dará un atisbo muy interesante de la historia real que acrisoló esta nación. Lo que hizo ser a los cubanos con el corazón tan libre y amante de la emancipación.

 

One thought on “Los múltiples simbolismos de El Cobre

  1. Su revista es muy agradable de leer y el artículo sobre la Virgen de la Caridad del Cobre muy ilustrativo. Me ha interesado como católico y como periodista enamorado de Cuba y de sus historia. Por ello, con toda afecto me permito sugerir que no se califique a la Virgen como deidad. En la religión católica sólo hay un Dios con tres personas, a saber Dios padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; no hay deidades. La Virgen, sea la del Cobre u otra, ya que sus denominaciones son muchas en todo el mundo, no es deidad sino la Madre de Dios. Como tal madre los católicos la honramos muchísimo y ella nos acerca a su hijo y ante Él pide por nosotros.

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